Abrí mi cartera.
Así comenzó, con un sutil y sencillo gesto. La vaciaba y se volvía a llenar.
En el primer cierre guardaba los imprevistos, las sonrisas cuando escaseaban las razones, los besos cuando los problemas insistían en quedarse, las cosquillas cuando los silencios cortaban el aire.
Primera sección: retazos de mis fantasías, guardando solo lo que podía rescatar y que me sería indispensable. En la segunda se ocultaban los recuerdos, diminutas luces que formaban constelaciones, iluminando nuestras siluetas.
Mi cartera, nunca la perdía de vista, la sacaba sin pensar, una, otra,otra vez y ...Estaba en el compartimento de mi bolsa favorita, antes de que formularas la pregunta mi mano ya se sumergía para rescatarla del vacío y salir a la superficie. La vaciaba. Se llenaba. La vaciaba.
Te miré, mi mano la acarició, por primera vez me costó trabajo. La abrí.
-No tengo cambio.
El primer cierre se había roto, la sección número uno perdió el último retazo, en la segunda se fue la luz.
-No tengo cambio, volví a responder. Cayeron sobre mis mejillas cientos de ellas, se me cortó la garganta.
Solté la cartera, hoy no tengo cambio.
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