jueves, 12 de noviembre de 2015

!Mujer al agua!


Poco a poco trataba de emerger a la superficie, mis manos parecían acariciar los reflejos del sol, unas cuantas burbujas se acumulaban en mi rostro, las lágrimas parecían haberse perdido en la danza de
las olas. Lo único que sabía era que me quedaban pocos segundos, no podría aguantar más tiempo.


No recordaba lo que había pasado, solamente tenía destellos de caer y escuchar  una voz que gritaba: -!Mujer al agua! No existían más piezas en este rompecabezas. Traté de mirar debajo de mis pies, éstos se mantenían inquietos luchando por mantener mi cuerpo a flote,debajo se proyectaba un espacio oscuro, un abismo infinito.

De pronto alcancé a ver la sombra de una niña, lo sé, suena imposible pero era como si esa  silueta tratara de decirme algo. Comencé a moverme más rápido, sin saber exactamente si lograría salir a respirar. Sentí su mano pequeña, la miré y la reconocí...

Como si me hubieran dado una descarga eléctrica, comencé a moverme rápidamente, buscando en mi subconsciente el último destello de energía para poder salir de ahí, me pareció eterno. Mis dedos lograron acariciar el límite, levante la cabeza, respire.

Los latidos del corazón comenzaron a orquestar una serie de sinfonías con toques de suspenso, miedo e incertidumbre. Gire la cabeza, estaba sola, era una huésped del inmenso pliego azul. De forma casi inadvertida apareció una pequeña balsa, ahí se encontraban mis maletas, seguramente el dolor de la conciencia adulta me había cegado por un momento.

Me subí, revise mi cuerpo para ver si no tenia alguna herida, al parecer no existía ningún rastro pero lo más extraño era, que me encontraba completamente seca. Revisé mi equipaje: había un par de libros, dos fotografías,un poco de alimento,una concha de mar, un mapa, una libreta con una pluma y un espejo de mano.

Observé cada cosa con detenimiento. Estaban los libros que me habían despejado incógnitas y que además me habían ayudado a abrir ventanas, cuyos paisajes se volvieron inmunes al olvido. Encontré dos  fotos, una  era de  mi familia y en la otra, estaba yo y aquel compañero de viaje con quien había decidido volverme vulnerable.

También encontré un tupper con comida, al destaparlo daba la sensación de que resguardaba un campo de protección, el cual, desprendía un majestuoso olor a hogar. La concha de mar no tenía idea de lo que hacía ahí,la tomé y la puse en mi oído, escuche mis risas, el doblez mi sonrisa,la felicidad. En el mapa, parpadeaba una pequeña luz, al parecer se movía cuando la balsa avanzaba algunos metros. En la libreta solamente se leía:"De Giselle para Giselle", seguramente serviría para resguardarme en momentos de derrames emocionales. Por último estaba el espejo, no me reflejaba en él, era como si no existiera.

Decidí empezar a remar y buscar una tierra prometida o ¿Creada?¿Soñada? ¿Inexistente? No lo sé. Simplemente sabía que tenía que llegar. Estaba sola y llegaría de la misma forma, eso sí, con mi equipaje cubriendo mis espaldas y mi pasado creando movimientos ondulatorios que me permitan aceptar mi presente.

Mi niña se ha ido, necesitaba soltarla para poder seguir existiendo, a través de otra piel pero bajo el mismo rayo de sol. Qué difícil es crecer, pero más difícil aún, madurar y darme cuenta que mi peor enemigo... soy yo.


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